Y
de pronto te despiertas. Dejas tus miedos! Abandonas todo, te lanzas;
ganas, pierdes; lo ensayas bien, lo haces mal; te quedas en el vacío, y
aquel vacío repentinamente se vuelve a llenar. Finalmente descubres (o
recuerdas) que lo único que puede llenarlo todo es el vacío; pero el
verdadero vacío real es lo no dual. Y lo difícil no es saberlo u
entenderlo, sino tenerlo presente.
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