miércoles, 26 de noviembre de 2014

“Te gusta?” ”Si “- y El adoctrinamiento discriminador de una sociedad

No hay una manera en que siendo maestro le preguntemos a un niño te gusta y diga “no”, salvo en casos de obviedad. Acaso es temor a ser juzgados, calificados o reprendido por sus propias experiencias?

¿Qué clase de adoctrinamiento ejercemos en la escuela y en casa para que los niños acepten todo de buen o mal agrado? Si lo pensamos superficialmente en casa le preguntamos a un niño ¿te gusta esto? Y cuando responde “no” lo reprendemos o cuestionamos su sensación. Nuestro ego de mayores no nos permite concebir que la individualidad es ejercida por “individuos” fuera de la nosotros (valga la redundancia y en parte incoherencia).
Salango, niños explorando "palabras con L"

Ya de adultos, esta tendencia parece ser más sutil. En la pareja: ¿te gusta esa película? – No - ¿cómo es posible que le guste esa película? Debo divorciarme; entre amigos: ¿vamos a ver el fútbol? – no me gusta el fútbol – este es un bicho raro, me alejo;
Tal vez deberíamos tomarnos más en serio el asunto de la individualidad en casa, y particularmente en la escuela. Es muy posible que nuestros constates cuestionamientos sobre los impulsos naturales del niño, sus sentimientos, su manera de ver y entender el mundo, incluso sobre su capacidad, sea la principal causa de la discriminación, los conflictos, e incluso los pesares y las tristezas individuales. Tal vez estamos enseñando a los niños con el ejemplo a cuestionar la individualidad de otros, e incluso a cuestionar su propia individualidad.

Creo yo, que no hay respuestas correctas a la mayoría a las preguntas. Cada individuo construye su propio conocimiento. El fracaso de la educación, y con ella la declinación de los valores de la sociedad, se da cuando enseñamos a los niños que las respuestas ya están dadas, por lo que estudiar no tiene ni un ápice de aventura.

“Te gusta?” ”Si “- La enseñanza de la discriminación de la sociedad

No hay una manera en que siendo maestro le preguntemos a un niño te gusta y diga “no”, salvo en casos de obviedad. Acaso es temor a ser juzgados, calificados o reprendido por sus propias experiencias?

¿Qué clase de adoctrinamiento ejercemos en la escuela y en casa para que los niños acepten todo de buen o mal agrado? Si lo pensamos superficialmente en casa le preguntamos a un niño ¿te gusta esto? Y cuando responde “no” lo reprendemos o cuestionamos su sensación. Nuestro ego de mayores no nos permite concebir que la individualidad es ejercida por “individuos” fuera de la nosotros (valga la redundancia y en parte incoherencia).

Ya de adultos, esta tendencia parece ser más sutil. En la pareja: ¿te gusta esa película? – No - ¿cómo es posible que le guste esa película? Debo divorciarme; entre amigos: ¿vamos a ver el fútbol? – no me gusta el fútbol – este es un bicho raro, me alejo;
Tal vez deberíamos tomarnos más en serio el asunto de la individualidad en casa, y particularmente en la escuela. Es muy posible que nuestros constates cuestionamientos sobre los impulsos naturales del niño, sus sentimientos, su manera de ver y entender el mundo, incluso sobre su capacidad, sea la principal causa de la discriminación, los conflictos, e incluso los pesares y las tristezas individuales. Tal vez estamos enseñando a los niños con el ejemplo a cuestionar la individualidad de otros, e incluso a cuestionar su propia individualidad.


Creo yo, que no hay respuestas correctas a la mayoría a las preguntas. Cada individuo construye su propio conocimiento. El fracaso de la educación, y con ella la declinación de los valores de la sociedad, se da cuando enseñamos a los niños que las respuestas ya están dadas, por lo que estudiar no tiene ni un ápice de aventura.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Mi mamá me mima – Bitácora sobre Dewey y Ausubel

     
     Nadie puede decirle a otra persona como pensar (Dewey, 2002, pg.1). Esta afirmación no hace referencia a la rebeldía en la individualidad del pensamiento, sino a la manera en que concebimos la educación. Incuso en la manera en que los niños aprenden cada uno de los símbolos que culturalmente denominamos letras, que tradicionalmente se enseña de manera hermética, tiene una gran relevancia el significado atribuido de manera individual. Su exploración, o su ausencia, podría ser la causante de algunos rasgos culturales negativos.
     Durante esta maestría constantemente hemos tratado el tema de aprendizaje significativo y pensamiento reflexivo y se ha conectado con mi actual labor en una cátedra abierta dándome un buen abanico de oportunidades para la experimentación en el tema educativo.
     Así, se he iniciado un programa vespertino extra curricular para niños que presentan problemas de lectura  a partir de los 8 años de edad. En este camino he investigado, de manera general, la forma en que los niños aprenden a leer y me he encontrado con dos métodos base: el alfabético, que es tradicionalmente utilizado, y  el globalizado. Al examinarlos se puede uno cuestionar ¿si en ambos se aprende a leer y escribir cuál es la diferencia en los resultados? ¿Podría decirse que la exploración y descubrimiento de significados es menos visible en uno de los dos? ¿Podría esto ser, para la generalidad, un factor determinante que a largo plazo diferencie a un buen lector de uno que no lo es? También, al encontrarme con la tarea de planificar este  programa cabe la duda ¿por dónde empezarlo?
     “De acuerdo a Ausubel (2002) la instrucción no literal y no arbitraria facilitada el desarrollo de significado.  El concepto de una palabra o un fonema, varía de individuo a individuo pero el instructor debe precautelar que este significado no varíe drásticamente del original” (pg. 127). Como se puede asumir, el primer método conlleva lo contrario: el estudio del alfabeto letra por letra y con orden invariable es arbitrario y lineal. A diferencia de este, el método globalizado involucra mayor exploración y descubrimiento de significados. Esto se realiza a través de la lectura directa de frases y palabras y la exploración de fonemas en orden de facilidad de asimilación, lo que parece ser un mejor camino. Dewey (1998) explica que el camino del pensamiento se encuentra en una perplejidad…los llamamientos generales al pensamiento…sin tener en cuenta si se tiene experiencia directa…son inútiles (pg. 30).
     Puedo evidenciar parcialmente este hecho analizando, desde una retrospectiva muy personal y no concluyente, el ¿por qué, si bien la mayoría de quienes hemos sido escolarizados bajo el método tradicional también aprendimos a leer y a escribir, solemos tener escasos recuerdos del proceso? Así, frases como “mi mamá me mima”, por ser una de ellos, dan punto de partida para indagar sobre su valor psicológico-real de esta educación. La hipótesis podría concluir que el uso de este método trae como consecuencia un desinterés generalizado, pero no definitivo, por los libros. Podría ser el origen del desinterés ecuatoriano (e incluso occidental) por la lectura.
     La última de mis dudas planteadas, ¿por dónde empezar?, parte del hecho de estar trabajando con niños que tienen de 3 a 5 años de “experiencia” en centros educativos (de 8 a 11 años de edad). ¿Debería empezar nuevamente con el abecedario, las vocales o en la conformación de palabas a partir de las consonantes? Esta última opción fue puesta en marcha, de manera experimental, en niños menores (de 5-7) y parece ser acertada.

      Para esta experiencia, puse a prueba las recomendaciones del orden de enseñanza de consonantes según el método globalizado el cuál recomienda iniciar con fonemas como la L, M, P y S. Con un grupo exploramos el fonema R, que no es recomendado como fonema inicial, y luego, con otro grupo,  probé la exploración del fonema L. Así se observó como resultado una menor interacción en la exploración del fonema R en comparación con la exploración del fonemas L. Los niños encontraron, descifraron y se mostraron más cómodos debido, al parecer, a la tenencia de léxico previo mucho mayor con el mismo. Al respecto, Ausubel (2002) dice  que el significado en sí mismo es un producto de la interacción entre las ideas que hay que aprender… y las ideas subsumidoras (de anclaje) (pg. 126). Los ejercicios centrales para este experimento fueron preguntas sobre qué palabras contienen R o L y, a través de un ejercicio con 5 globos, palabras que contengan los fonemas simples ra, re, ri, ro, ru para un grupo y la, le, li, lo lu para el otro. Queda pendiente para un próxima reflexión, el resultado de la puesta en práctica con niños entre 7 a 11 años.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Diálogo del “SER” y la educación - El guía y el camino

Este es una pequeña narración sobre un capítulo de mi vida. A este capítulo le llamo “encontrando un camino”. No difiere de otros momentos, en los cuales ya he escogido camino, más que por un solo hecho: es la primera vez que en este cambio he sido capaz de realizar la trascendencia en la cual discurre.
Me explicaré.
Desde joven he sentido una afición nata por la lectura; he devorado libros al punto de que en algún momento me recuerdo a mí mismo leyendo hasta un libro  entero por día durante meses. Confieso en la actualidad que no lo considero un ejercicio realmente fructífero dado que no logro recordar la mayor parte de lo que leí, pero sé que esto es uno de los principales motivos que me llevan a retar indefinidamente mi propia visión del mundo con su respectiva zona de confort.
Este hobbie me llevó a interesarme por el estudio de una carrera social. Sin embargo, situaciones de la vida me llevaron a estudiar un bachillerato en Físico Matemático. Más tarde, en la universidad, escogí la carrera de administración de empresas del sector turístico y luego estudiaría algunos semestres de relaciones públicas y comunicación organizacional[i]; estas decisiones, en momentos de auto evaluación, me llevaron a algunas reflexiones: ¿por qué el sistema nos obliga a escoger lo que haremos en el futuro desde una temprana edad?¿una persona realmente conoce, a las 15 al escoger el bachillerato, a los 18 a escoger su carrera universitaria, o a los 24 al escoger una posible maestría, lo que implica ser doctor, empresario, arquitecto, enfermero, etc…?  Definitivamente nos casamos con nuestras carreras y, así como en general se  puede considerar a un matrimonio joven como un posible error, talvez se deba considerar el matrimonio temprano con nuestras carreras como un posible igual [ii].
Sé que para responder a estas preguntas sin duda se deben considerar innumerables variables, desde el entorno familiar hasta el institucional, la psicología y propensiones de cada individuo, las necesidades de las sociedades con respecto a aportes en materia laboral, la economía, las variables en la educación, las oportunidades actuales que facilitan la independencia y satisfacción de cada individuo, entre otras. No me centraré en esta discusión. Sin embargo, dada la experiencia, las buenas prácticas, y aportes teóricos, para mí es clara la respuesta: con un entorno ideal, que incluye buena educación  desde la familia hasta la institución es posible tomar decisiones “acertadas” de manera  tempranas sobre cualquier aspecto de nuestra vida[iii].

Unos años más tarde, me encuentro en este nuevo camino; he escogido y me he apasionado por la educación. Me parece increíble que a mis 27 años de edad, apenas pueda sentirme verdaderamente identificado con un camino cuando desde los 15 fui prácticamente obligado a escoger uno. Estudio una maravillosa maestría en educación y tengo a mi cargo cátedras abiertas para niños; estoy a cargo de una biblioteca particular y dirijo programas de lectura en otras públicas, vivo frente al mar en un pequeño y apacible pueblo. Aquí, soy constructor y ejecutor de mi propia experiencia en la enseñanza y me permito soñar con que mi trabajo ayuda a cientos de niños a hacer lo mismo.

Así, conecto hoy los hilos con el pasado y recuerdo que en su momento soñaba con trabajar en una biblioteca, vivir en un lugar tranquilo cerca del mar, viajar mucho, y ayudar a muchos andar por la vida. Que ciego fui, cuando no vi que ese era el camino del maestro. Que ciego fui. Sé que lo que retrasó el arribo a este camino fue la falta de la institucionalidad en mi vida de un guía en cuanto a lo profesional. ¡Que falta hace esto en las escuelas, colegios y universidades!. Pero queriendo sin querer, al llegar aquí me doy cuenta de que es perfecto. Todas las cosas que he hecho en mi vida, me han traído aquí. Bueno, en verdad aun  no entiendo la conexión con la física y la matemática. Pero confío en que en su momento lo entenderé.

La conclusión por la que empecé a escribir es que un guía, profesor o maestro sabio sabe anticipar hacia donde te diriges y a donde llegarás, independientemente de hacia dónde vas y en donde te encuentras y sabe que pasará incluso sin su influencia. Su aporte e inspiración solo aceleran el arribo.
Dejo en el pie de página algunas reflexiones que me quedan pendientes en este escrito:


[i] ¿Por qué un profesor en el colegio no podría haber identificado mi gran ansía por la lectura y haberme ayudado a que este hábito sea fructífero (he incluso enriquecedor para su clase)? De hecho, por el constante cambio de visión experimenté algunos constantes conflictos cognitivos. Me decía a mí mismo: ahora debo leer sobre la otra postura; soy de derecha, ahora leeré sobre la izquierda; soy creacionista, ahora leeré sobre evolución. ¿cómo un profesor puede identificar esto en una clase y aportar así a la educación?

[ii] Dado que la mayoría de personas piensan formar un hogar ¿Por qué en las escuelas no enseñan a manejar un matrimonio? (idea loca?)

[iii]  A pesar de que considero que es posible considerar acertadas decisiones en la vida de manera temprana, ¿cuándo realizamos que estas decisiones son las acertadas?
Como enseñan los postulados de Dewey, ¿por qué no centrar la vida en el presente, en lugar de hacerlo en el futuro?[iii]