Nadie puede decirle a otra persona como pensar (Dewey, 2002, pg.1). Esta afirmación no hace referencia a la rebeldía en la individualidad del pensamiento, sino a la manera en que concebimos la educación. Incuso en la manera en que los niños aprenden cada uno de los símbolos que culturalmente denominamos letras, que tradicionalmente se enseña de manera hermética, tiene una gran relevancia el significado atribuido de manera individual. Su exploración, o su ausencia, podría ser la causante de algunos rasgos culturales negativos.
Durante esta maestría constantemente hemos tratado el tema de aprendizaje significativo y pensamiento reflexivo y se ha conectado con mi actual labor en una cátedra abierta dándome un buen abanico de oportunidades para la experimentación en el tema educativo.
Así, se he iniciado un programa vespertino extra curricular para niños que presentan problemas de lectura a partir de los 8 años de edad. En este camino he investigado, de manera general, la forma en que los niños aprenden a leer y me he encontrado con dos métodos base: el alfabético, que es tradicionalmente utilizado, y el globalizado. Al examinarlos se puede uno cuestionar ¿si en ambos se aprende a leer y escribir cuál es la diferencia en los resultados? ¿Podría decirse que la exploración y descubrimiento de significados es menos visible en uno de los dos? ¿Podría esto ser, para la generalidad, un factor determinante que a largo plazo diferencie a un buen lector de uno que no lo es? También, al encontrarme con la tarea de planificar este programa cabe la duda ¿por dónde empezarlo?
“De acuerdo a Ausubel (2002) la instrucción no literal y no arbitraria facilitada el desarrollo de significado. El concepto de una palabra o un fonema, varía de individuo a individuo pero el instructor debe precautelar que este significado no varíe drásticamente del original” (pg. 127). Como se puede asumir, el primer método conlleva lo contrario: el estudio del alfabeto letra por letra y con orden invariable es arbitrario y lineal. A diferencia de este, el método globalizado involucra mayor exploración y descubrimiento de significados. Esto se realiza a través de la lectura directa de frases y palabras y la exploración de fonemas en orden de facilidad de asimilación, lo que parece ser un mejor camino. Dewey (1998) explica que el camino del pensamiento se encuentra en una perplejidad…los llamamientos generales al pensamiento…sin tener en cuenta si se tiene experiencia directa…son inútiles (pg. 30).
Puedo evidenciar parcialmente este hecho analizando, desde una retrospectiva muy personal y no concluyente, el ¿por qué, si bien la mayoría de quienes hemos sido escolarizados bajo el método tradicional también aprendimos a leer y a escribir, solemos tener escasos recuerdos del proceso? Así, frases como “mi mamá me mima”, por ser una de ellos, dan punto de partida para indagar sobre su valor psicológico-real de esta educación. La hipótesis podría concluir que el uso de este método trae como consecuencia un desinterés generalizado, pero no definitivo, por los libros. Podría ser el origen del desinterés ecuatoriano (e incluso occidental) por la lectura.
La última de mis dudas planteadas, ¿por dónde empezar?, parte del hecho de estar trabajando con niños que tienen de 3 a 5 años de “experiencia” en centros educativos (de 8 a 11 años de edad). ¿Debería empezar nuevamente con el abecedario, las vocales o en la conformación de palabas a partir de las consonantes? Esta última opción fue puesta en marcha, de manera experimental, en niños menores (de 5-7) y parece ser acertada.
Para esta experiencia, puse a prueba las recomendaciones del orden de enseñanza de consonantes según el método globalizado el cuál recomienda iniciar con fonemas como la L, M, P y S. Con un grupo exploramos el fonema R, que no es recomendado como fonema inicial, y luego, con otro grupo, probé la exploración del fonema L. Así se observó como resultado una menor interacción en la exploración del fonema R en comparación con la exploración del fonemas L. Los niños encontraron, descifraron y se mostraron más cómodos debido, al parecer, a la tenencia de léxico previo mucho mayor con el mismo. Al respecto, Ausubel (2002) dice que el significado en sí mismo es un producto de la interacción entre las ideas que hay que aprender… y las ideas subsumidoras (de anclaje) (pg. 126). Los ejercicios centrales para este experimento fueron preguntas sobre qué palabras contienen R o L y, a través de un ejercicio con 5 globos, palabras que contengan los fonemas simples ra, re, ri, ro, ru para un grupo y la, le, li, lo lu para el otro. Queda pendiente para un próxima reflexión, el resultado de la puesta en práctica con niños entre 7 a 11 años.
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