No hay una manera en que siendo maestro le preguntemos a un niño
te gusta y diga “no”, salvo en casos de obviedad. Acaso es temor a ser
juzgados, calificados o reprendido por sus propias experiencias?
¿Qué clase de adoctrinamiento ejercemos en la escuela y en casa
para que los niños acepten todo de buen o mal agrado? Si lo pensamos
superficialmente en casa le preguntamos a un niño ¿te gusta esto? Y cuando
responde “no” lo reprendemos o cuestionamos su sensación. Nuestro ego de
mayores no nos permite concebir que la individualidad es ejercida por
“individuos” fuera de la nosotros (valga la redundancia y en parte
incoherencia).
Ya de adultos, esta tendencia parece ser más sutil. En la pareja:
¿te gusta esa película? – No - ¿cómo es posible que le guste esa película? Debo
divorciarme; entre amigos: ¿vamos a ver el fútbol? – no me gusta el fútbol –
este es un bicho raro, me alejo;
Tal vez deberíamos tomarnos más en serio el asunto de la
individualidad en casa, y particularmente en la escuela. Es muy posible que
nuestros constates cuestionamientos sobre los impulsos naturales del niño, sus
sentimientos, su manera de ver y entender el mundo, incluso sobre su capacidad,
sea la principal causa de la discriminación, los conflictos, e incluso los
pesares y las tristezas individuales. Tal vez estamos enseñando a los niños con
el ejemplo a cuestionar la individualidad de otros, e incluso a cuestionar su
propia individualidad.
Creo yo, que no hay respuestas correctas a la mayoría a las
preguntas. Cada individuo construye su propio conocimiento. El fracaso de la
educación, y con ella la declinación de los valores de la sociedad, se da
cuando enseñamos a los niños que las respuestas ya están dadas, por lo que
estudiar no tiene ni un ápice de aventura.
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