Este es una pequeña narración sobre un capítulo de mi vida. A
este capítulo le llamo “encontrando un camino”. No difiere de otros momentos,
en los cuales ya he escogido camino, más que por un solo hecho: es la primera
vez que en este cambio he sido capaz de realizar la trascendencia en la cual
discurre.
Me explicaré.
Desde joven he sentido una afición nata por la lectura; he
devorado libros al punto de que en algún momento me recuerdo a mí mismo leyendo
hasta un libro entero por día durante
meses. Confieso en la actualidad que no lo considero un ejercicio realmente
fructífero dado que no logro recordar la mayor parte de lo que leí, pero sé que
esto es uno de los principales motivos que me llevan a retar indefinidamente mi
propia visión del mundo con su respectiva zona de confort.
Este hobbie me llevó a interesarme por el estudio de una
carrera social. Sin embargo, situaciones de la vida me llevaron a estudiar un
bachillerato en Físico Matemático. Más tarde, en la universidad, escogí la
carrera de administración de empresas del sector turístico y luego estudiaría
algunos semestres de relaciones públicas y comunicación organizacional[i];
estas decisiones, en momentos de auto evaluación, me llevaron a algunas
reflexiones: ¿por qué el sistema nos obliga a escoger lo que haremos en el
futuro desde una temprana edad?¿una persona realmente conoce, a las 15 al
escoger el bachillerato, a los 18 a escoger su carrera universitaria, o a los
24 al escoger una posible maestría, lo que implica ser doctor, empresario,
arquitecto, enfermero, etc…?
Definitivamente nos casamos con nuestras carreras y, así como en general
se puede considerar a un matrimonio
joven como un posible error, talvez se deba considerar el matrimonio temprano
con nuestras carreras como un posible igual [ii].
Sé que para responder a estas preguntas sin duda se deben
considerar innumerables variables, desde el entorno familiar hasta el
institucional, la psicología y propensiones de cada individuo, las necesidades
de las sociedades con respecto a aportes en materia laboral, la economía, las
variables en la educación, las oportunidades actuales que facilitan la
independencia y satisfacción de cada individuo, entre otras. No me centraré en
esta discusión. Sin embargo, dada la experiencia, las buenas prácticas, y aportes
teóricos, para mí es clara la respuesta: con un entorno ideal, que incluye
buena educación desde la familia hasta
la institución es posible tomar decisiones “acertadas” de manera tempranas sobre cualquier aspecto de nuestra
vida[iii].
Unos años más tarde, me encuentro en este nuevo camino; he
escogido y me he apasionado por la educación. Me parece increíble que a mis 27
años de edad, apenas pueda sentirme verdaderamente identificado con un camino
cuando desde los 15 fui prácticamente obligado a escoger uno. Estudio una
maravillosa maestría en educación y tengo a mi cargo cátedras abiertas para
niños; estoy a cargo de una biblioteca particular y dirijo programas de lectura
en otras públicas, vivo frente al mar en un pequeño y apacible pueblo. Aquí,
soy constructor y ejecutor de mi propia experiencia en la enseñanza y me
permito soñar con que mi trabajo ayuda a cientos de niños a hacer lo mismo.
Así, conecto hoy los hilos con el pasado y recuerdo que en
su momento soñaba con trabajar en una biblioteca, vivir en un lugar tranquilo
cerca del mar, viajar mucho, y ayudar a muchos andar por la vida. Que ciego
fui, cuando no vi que ese era el camino del maestro. Que ciego fui. Sé que lo
que retrasó el arribo a este camino fue la falta de la institucionalidad en mi
vida de un guía en cuanto a lo profesional. ¡Que falta hace esto en las
escuelas, colegios y universidades!. Pero queriendo sin querer, al llegar
aquí me doy cuenta de que es perfecto. Todas las cosas que he hecho en mi vida,
me han traído aquí. Bueno, en verdad aun
no entiendo la conexión con la física y la matemática. Pero confío en
que en su momento lo entenderé.
La conclusión por la que empecé a escribir es que un guía,
profesor o maestro sabio sabe anticipar hacia donde te diriges y a donde
llegarás, independientemente de hacia dónde vas y en donde te encuentras y sabe
que pasará incluso sin su influencia. Su aporte e inspiración solo aceleran el
arribo.
Dejo en el pie de página algunas reflexiones que me quedan
pendientes en este escrito:
[i]
¿Por qué un profesor en el colegio no podría haber identificado mi gran ansía
por la lectura y haberme ayudado a que este hábito sea fructífero (he incluso
enriquecedor para su clase)? De hecho, por el constante cambio de visión
experimenté algunos constantes conflictos cognitivos. Me decía a mí mismo:
ahora debo leer sobre la otra postura; soy de derecha, ahora leeré sobre la
izquierda; soy creacionista, ahora leeré sobre evolución. ¿cómo un profesor
puede identificar esto en una clase y aportar así a la educación?
[ii]
Dado que la mayoría de personas piensan formar un hogar ¿Por qué en las
escuelas no enseñan a manejar un matrimonio? (idea loca?)
[iii] A pesar de que considero que es posible
considerar acertadas decisiones en la vida de manera temprana, ¿cuándo
realizamos que estas decisiones son las acertadas?
Como enseñan los postulados de Dewey, ¿por qué no centrar la
vida en el presente, en lugar de hacerlo en el futuro?[iii]
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